
REFLEXIONES
SOBRE UN FUTURO NO LEJANO
Asistimos
al fin de España, si es que no se ha producido ya, entre la desunión
de quienes nos consideramos los máximos defensores de su destino como
unidad dentro de una cosmovisión. Y asistimos al fin de España cuando
se han cumplido todos los pasos establecidos desde la Ley de Reforma Política
de 1976 y que escrupulosamente han sido marcados por cinco años de UCD,
catorce de PSOE, ocho de PP y, previsiblemente, cuatro de caos judeo-masónico.
Todos, absolutamente todos, han sido culpables.
Durante estos treinta años, los distintos grupos falangistas nos hemos
considerado anti sistema entendiendo que esto había que cambiarlo.
Defendiendo que no puede subsistir un Estado con diecisiete autonomías,
que no puede existir una ley electoral que permita que quinientos mil
votos en Cataluña gobiernen y controlen el Estado español, que la
violencia no conseguirá nunca acabar con la unidad de España, que no
siempre la mayoría tiene razón, que hay otros cauces por encima de los
partidos políticos al uso para decidir los ciudadanos la política que
más se ajuste a sus necesidades. En definitiva, que PP y PSOE son dos
grandes máquinas electorales representativas de un sistema del que
abominamos.
No hemos aprendido a luchar contra eso y así nos va. Los grandes
partidos intentan controlar cualquier atisbo de movimiento cívico para
utilizarlo en sus intereses electorales. Recientemente lo hemos podido
ver en las manifestaciones católicas contra los matrimonios
homosexuales, en las manifestaciones de padres contra la LOE o en las
manifestaciones de las víctimas del terrorismo. En todas y cada una de
ellas la capitalización del PP ha llevado a que los gritos más
coreados sean ¡GOBIERNO, TRAIDOR! ¡ZAPATERO, DIMISIÓN!.
Es la misma táctica utilizada en las manifestaciones contra el Prestige
o la guerra contra Irak. El PSOE canalizaba esos movimientos ciudadanos
para que las masas coreasen ¡AZNAR, ASESINO! ¡GOBIERNO, CULPABLE!. Los
objetivos son recuperar el poder mediante el desgaste del contrario para
seguir haciendo la misma política, unos y otros, que les manda la
Trilateral, el FMI o cualquier otro garante del mundialismo.
Los falangistas no hemos sabido asumir una forma de hacer política
contraria al sistema e, indefectiblemente, nuestros actos han acabado
siendo actos contra políticas puntuales del Gobierno de turno con lo
que no hemos dejado de ser sino unos apéndices de la oposición. Y, por
causa de esa influencia derechoide adquirida desde Febrero de 1936,
siempre hemos sido más proclives a luchar contra los gobiernos de
izquierdas que contra los de derechas. Por ejemplo, nunca nos sumamos a
las manifestaciones contra la guerra de Irak y sí lo hemos hecho a las
otras, aunque en todas somos vistos de la misma manera.
¡GOBIERNOS
TRAIDORES! ¡POLÍTICOS DIMISIÓN!. ¡NI LOS UNOS, NI LOS OTROS!
¡ARRIBA
EL PUEBLO ESPAÑOL!.

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