
Garzón dicta providencias, y no por ser un magistrado si no por que ilumina nuestra existencia. Su último rayo de luz salvadora: gracias a Garzón no habrá por más tiempo dos Españas. Garzón va a contar todos, uno por uno, los muertos y los huesos de los buenos (los “rojos” y “antifranquistas”, la única España que cuenta). Y de paso se va a ciscar
en todos nosotros, los malos.
El PP tuvo su época dorada con Norma Duval haciendo el chorra en sus mítines pero eso ya pasó. Hoy les toca llorar amargamente su declive, su debilidad, su falta de rumbo y sus complejos. Porque si el PP reaccionase ante esta noticia no con contundencia, simplemente con dignidad, podrían decirles que son de derechas y entonces habríamos jodido varios años de terapia de grupo.
Pero a lo que vamos: si el PP tuvo a su vedette no iba a ser menos el PSOE. Garzón, conociendo el lugar y su amplitud, se sueña así: rodeado de flashes y cámaras en la escalinata del Valle de los Caídos, con una boa de plumas. “Tengo que llamar a Grande-Marlaska”- piensa aquí Baltasar. Y sigue volando su imaginación: “Agradecida y emocionada solamente quiero decir…”
Y hasta aquí el humor y la ironía porque un imbécil es un imbécil, pero jugar con los muertos no tiene ninguna gracia.
Hay que tener claro que en una coyuntura tan difícil como la que estamos viviendo la actuación (en sentido escénico y no jurídico) de este botarate va a crear una polémica en los medios de desinformación que es precisamente lo que busca la mano que siempre dio de comer a Garzón.
Los españoles no hemos aprendido a alimentarnos con bombillas de bajo consumo a pesar del esfuerzo gubernativo y de nuevo nos estamos dando cuenta que, a la vuelta del verano, las vamos a pasar putas hablando en plata. Ya no hay Eurocopa ni Olimpiadas, pero no pasa nada porque aquí está Garzón amenazando con meterse en las iglesias a contar muertos.
No tardarán en morder su anzuelo, cándidos, los derechistas ulcerosos de la emisora episcopal, atrapados encima en la frustración de una crisis de identidad de su PP que es en estas cuestiones donde más se agudiza. En Ferraz no paran de frotarse las manos porque la derecha española lleva un siglo siendo igual de tonta.
¿Y nosotros? ¿Qué pinta aquí La Falange? Sabe Dios si no es uno de esos momentos de oro en los que tenemos mucho que decir a una España ávida.
Podría resurgir en las tertulias el ambientillo de “guerracivilismo”, que siempre vende, y llegarnos de refilón en ese huracán desinformativo. Quizá se acerque algún periodista buscando la imagen folklórica y la declaración altisonante que se pueda sacar de contexto. Sin embargo somos ya perros viejos y tenemos la suerte de respetar a los muertos.
Los falangistas, sabemos por nuestra dolorosa experiencia lo que es morir en tiempos de presunta paz democrática. Los falangistas somos expertos en sufrir censura, cárcel y persecución política. Los falangistas conocemos muy bien el reproche social simplemente por estar fuera de unos cánones de corrección política. Y todo lo hemos sufrido en diversa forma desde la fundación de nuestro movimiento hasta hoy.
Nunca hemos pedido nada ni nos hemos creído mártires o santos. No reclamamos compensaciones, ni que se exhume ni cuente a los caídos de “nuestro bando” porque es ridículo, nos basta mirar a los luceros.
Simplemente exigimos para ellos el mismo respeto que nos inspiran los del “otro bando”. Miramos a los luceros pero con los pies bien plantados en los adoquines. Han pasado 70 años como para seguir hablando de bandos, cuando solo uno gano porque así son las guerras, aunque ambos luchaban por su España.
José Antonio, que lo sabía, nos dejó en caliente y con la espada de Damocles sobre su cabeza, la última lección magistral:
"Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia."
Esto lo decía nuestro fundador un tipo a punto de morir fusilado por el “enemigo”.
Obviamente, a los falangistas que nos vengan a contar historias de muertos y heridos.
Que se lo pase bien el juez y que le aproveche al PSOE. Esperemos que todas estas providencias al menos le sirvan para aprender a instruir correctamente sus causas y no deje sueltos a más etarras en su soberana incompetencia.
Porque encima de sectario y pesebrero, Garzón es un inútil integral.
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