
Llama la atención la tergiversación del
lenguaje llevada a cabo por el sistema que nos oprime, pero esa
tergiversación no es nueva en el tiempo.
Desde siempre (y aunque a los intelectuales del sistema ese siempre tenga
un horizonte no superior a los treinta años, hablo de un siempre con
milenios a sus espaldas), los sofistas, hayan adoptado el nombre que se
prefiera, han tergiversado el lenguaje con el único objetivo de llevar el
agua a su molino.
Tergiversación es la máxima del relativismo; relativismo es la máxima de
los sofistas, y el relativismo es hoy todopoderoso, anulador del
intelectualismo, predominante en todos los ámbitos: social, político,
económico,
periodístico, educativo...
La única razón de su existencia es la prepotencia, la anulación de la
intelectualidad y la afirmación de la incompetencia basada en el número de
adeptos, imponiendo que es la cantidad, y no la calidad, lo que determina la
conveniencia de las cosas.
Así, incompetentes detentan el poder político, dictando leyes que
resultan profundamente lesivas al interés social y al interés humano;
incompetentes detentan el poder económico hinchando artificialmente la
economía y
endeudando, no ya a la sociedad actual, a la que han sumido en la deuda
perpetua, sino a la sociedad de nuestros nietos, quienes cuando nazcan se
encontrarán con una deuda que serán incapaces de saldar a lo largo de toda
su vida; incompetentes detentan los puestos en la universidad, encargados
principalmente de evitar que el conocimiento llegue a invadir las mentes de
los oprimidos; incompetentes, finalmente, se encargan en los medios de
comunicación social (o de manipulación social) de mantener en la inopia al
conjunto de la
sociedad.
Incompetentes... ¿o tal vez son otra cosa peor?. Porque, a la postre,
resulta cuando menos curioso que esos incompetentes, basados en su
incompetencia puedan desarrollar todos esos roles.
Incompetentes, sí, lo van demostrando cada vez que abren la boca, pero
incompetentes manipulados como marionetas por alguien que no es
incompetente, sino directamente perverso y poderoso, quién manteniéndose
debidamente oculto es capaz de mantener esas estructuras con el único
objetivo de convertir a toda la sociedad en su esclavo. Incompetentes que
reciben la patente de corso de “intelectuales” porque son capaces de ligar
dos palabras seguidas, aunque la idea que pretendan defender resulte
estúpida; incompetentes que sólo son
capaces de mantenerse en el machito con el apoyo absoluto de sus amos y con
el único objetivo de callar la boca a aquellos que no son incompetentes y sí
honestos.
Se hace necesaria la audacia en quienes se encuentran al margen del
sistema. La audacia, y no la colaboración, será la que acabará poniendo las
cosas en su sitio antes de que los incompetentes acaben convirtiendo a toda
la población en seres similares a ellos mismos: máquinas orgánicas al
servicio del tirano.
Cesáreo Jarabo
www.pensamientohispanico.com
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