MANIFIESTO DE LA JUNTA POLÍTICA DE FE / LA FALANGE.

Madrid a, 14 de enero de 2006.

 

 

    Hace ahora algo más de dos años, en Octubre de 2003, el Congreso Nacional de Militantes de FE / La Falange, máximo órgano de soberanía del partido, elegía la única candidatura oficial presentada al mismo como la Junta Nacional que debía regir el movimiento durante los próximos cuatro años. La crisis creada por la dimisión del anterior Jefe Nacional quedaba de este modo cerrada y se abría una esperanza en el horizonte con la confianza depositada en ese equipo de trabajo, joven pero experto en estas tareas, que encabezaba José Fernando Cantalapiedra como el líder más joven que nunca jamás tuvo la Falange.

    Entre las tareas encomendadas por la militancia a su Junta Nacional destacaban la ponencia de estrategia, abierta a pactos electorales que consiguieran sacar a la Falange de la marginalidad política a la que nos aboca el sistema y la elaboración de unos nuevos estatutos, aprobados por mayoría en el Congreso del año siguiente, pergeñados con el fin de que decisiones arbitrarias y contrarias al mandato que la militancia hacía pudiesen ser evitadas por los medios de control establecidos para ello. Principalmente podríamos decir que con dichos estatutos se pretendían evitar actuaciones conocidas en un pasado demasiado reciente y que tantos pasos atrás ocasionaban en un movimiento plenamente vigente en los albores del siglo XXI y en un contexto histórico que abona un caldo de cultivo idóneo para el relanzamiento del nacional sindicalismo en el pueblo español.

     El primer año de trabajo estuvo dedicado al asentamiento y crecimiento de la militancia a lo largo de todo el territorio español. Paralelamente, la nueva Junta Nacional hubo de acometer, sin apenas tiempo para ello, los comicios del 14 de Marzo, de tan infausto recuerdo para nuestra nación, y las europeas del 13 de Junio. No obstante la premura de tiempo, ambos eventos electorales pueden considerarse un éxito para la Junta Nacional. El 14 de Marzo, la Falange presentaba candidaturas en las 52 circunscripciones electorales, tanto en las listas al Congreso como en las listas al Senado. Los resultados no fueron tan importantes como la evidencia de poder mantener una estructura electoral en toda España como base de una implantación militante en la misma. En las europeas del 13 de Junio, la Falange consiguió notables éxitos electorales como la cuarta posición en la provincia de León o la quinta en varios de los barrios obreros de Madrid y poblaciones dormitorio como Getafe y Leganés. El posterior “pucherazo” y desvío de votos al PP pudo ser contrarrestado gracias a los servicios jurídicos de la Falange que consiguieron una sentencia favorable a nuestras pretensiones por parte del Tribunal Superior de Justicia donde constaba que los votos contabilizados a la Falange no eran por error sino conscientemente elegidos por sus depositarios en las urnas.

     En lo referente a la política de pactos electorales, esta Junta Nacional mantuvo relaciones, hasta casi última hora, con FE de las JONS sin que cristalizara ese sueño de tantos falangistas de que, por fin, solamente hubiese una candidatura con el símbolo del yugo y las flechas en unos comicios. No se planteó, en aquellos momentos y tras el reciente fracaso del Frente Español, cualquier otro tipo de pacto dejándose tal posibilidad en suspenso hasta el inicio del nuevo curso político, tras la celebración del preceptivo Congreso Nacional Extraordinario de Militantes en octubre de 2004, convocado expresamente para la reforma de estatutos.

     La Falange decide avanzar en la estrategia de implantación y solos, sin pactar con nadie, se acomete la campaña por el NO en el referéndum sobre la Constitución Europea celebrándose una exitosa manifestación arropados por importantes camaradas europeos. El apoyo, esencial e importante, hay que apuntarlo en el haber de la Delegación Nacional de Relaciones Exteriores y de la Secretaría General del Partido. El siguiente paso adoptado por la Junta Nacional será entones acometer una gran manifestación para el 17 de Abril, en defensa de la unidad de España, y coincidiendo con las elecciones autonómicas en las provincias Vascongadas.

     La Falange tiende la mano a todas las organizaciones falangistas, patrióticas y sociales que consideren que la unidad de España está en un grave peligro y su salvación es lo único primordial en estos momentos. El acto es un éxito sin precedentes y la figura del Jefe Nacional comienza a perfilarse como único referente de todos aquellos españoles para los que la unidad de España y la Justicia Social no son palabras vacías que solo deban defenderse ardorosamente en la barra de un café. La prensa se hace eco de la capacidad de movilización de la Falange y los apoyos exteriores a la Junta Nacional son un incesante goteo que hace albergar esperanzas entre todos aquellos que nunca han renunciado a su pasado y que trabajan en el presente para labrar un futuro de esperanza en las generaciones venideras.

     Así llegamos al 12 de Octubre, Fiesta Nacional, donde el Jefe Nacional habla junto a destacados militantes de AES o DN defendiendo esa unidad de destino que señalara José Antonio antes que el odio de unos y la incomprensión de otros acabasen con su vida y dejasen esa misión sin terminar, esa revolución pendiente, en manos de los nuevos españoles. El éxito del 12 de Octubre deberá, nuevamente, refrendarse en otra gran manifestación, la emblemática fecha falangista del 19 de Noviembre, donde la Falange convoca al pueblo español a expresar su rechazo contra el no nato Estatuto de Cataluña. Nuevas riadas de españoles confluyen en la madrileña Plaza de Felipe II y la convocatoria reafirma a la Falange como alternativa seria a los partidos políticos que pastan en los pesebres del sistema.

     Pero ya antes del 12 de Octubre, los militantes falangistas intuyen que el enemigo acecha de nuevo, como tantas veces, y no precisamente desde el exterior. El sempiterno, estéril, caduco e improcedente debate sobre el papel de Franco en la Falange, no en la Historia, sino en la opción actual de mantener una estrategia política resurge cual Guadiana con las imprevisibles consecuencias de provocar ilegales, conforme a estatutos, expulsiones de militantes. La arbitrariedad con que se acomete la crisis por parte de la Jefatura Nacional y una minoría exigua de la Junta elegida en Octubre de 2003, ninguneando las decisiones soberanas de aquel Congreso, derivan en ceses de Jefes Provinciales y falta de respeto a los órganos del Partido. A esos órganos estatutarios creados precisamente como medios de control y que evitasen situaciones como las que acabaron produciendo la dimisión del anterior Jefe Nacional.

     La gota que colma el vaso se produce con la extraña desaparición de la Jefatura Nacional y parte de esa Junta Nacional que abandonan la sede nacional y alquilan un nuevo local sin someterlo a los órganos de control del movimiento. No se convoca el preceptivo Consejo Nacional en 2005 al parecer por la aparición de un extraño Manifiesto autodenominado pomposamente de los leales y valientes. Sospechas, resquemores, temor a ser expulsados arbitrariamente, dudas sobre financiación en el Partido, extraños rumores fomentados desde la Junta Nacional disidente sobre pactos que no serán aceptados por determinado sector de la Falange y caos en las relaciones entre los mandos y la militancia conllevan a que, en fecha 17 de Diciembre, cuatro militantes del partido, amparados por los estatutos y la legislación vigente, soliciten amparo a la Junta Política con el objetivo que, de la misma, surjan un Comité Disciplinario que reimponga el orden con las debidas medidas garantistas y una Comisión Gestora que convoque, en un plazo no superior a un año, Congreso que elija una nueva Junta Nacional.

     Ante la convocatoria de la Junta Política para el 14 de Enero de 2006, los rebeldes frente a las decisiones soberanas del Congreso de Octubre de 2003, se dedican a boicotear la misma desoyendo los argumentos legales que amparan su celebración. Se intenta por todos los medios, con la mediación del Asesor Jurídico de la Junta Nacional, el evitar una ruptura que en ningún momento se presume ideológica sino debido a  esos oscuros intereses que se probarán, con el tiempo, en forma de bajas de militantes, traslados a otras organizaciones políticas, creación de nuevos grupúsculos, etc... Sin un posible acuerdo, la Junta Política se celebró y asumió el encargo hecho, en tiempo y forma, acordando unas decisiones remitidas por vía fehaciente a todos los órganos territoriales y provinciales de la Falange, auténticos representantes del sentir de la militancia de la misma.

     La Comisión Gestora aprobada asume, desde este momento, la dirección de la Falange obligándose a resolver, mediante la Comisión Disciplinaria creada, los expedientes de expulsión y cese mal tramitados hasta el momento así como los nuevos que se soliciten ante este órgano colegiado y convocar, extraordinariamente, un Congreso Nacional de Militantes antes del 31 de Octubre de 2006. Y del mismo modo, esta Comisión Gestora garantiza la continuidad de la línea política establecida en la ponencia de estrategia de Octubre de 2003 y la garantía soberana que continuará, sin sobresaltos, la labor ejemplar de JFE y SEU a lo largo de la geografía española; que reiterará su obligación de luchar por la implantación de la Justicia Social aunque se la acuse de defender el obrerismo infantil de la Falange Auténtica de los setenta y que dicha labor se llevará, como hasta ahora se ha hecho magistralmente, desde las líneas que marca el sindicato TNS; que mantendrá la política de pactos con organizaciones extranjeras afines tal como aprobó nuestra militancia y que, como siempre, como nada de lo nacional nos es ajeno, la Falange estará en la calle para defender la irrenunciable unidad de España. Como siempre, cuando se ofenda o se ponga en peligro La Justicia o la Patria, la Falange os garantiza la contundencia de su respuesta.

¡¡¡POR LA PATRIA, EL PAN Y LA JUSTICIA!!!

¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!!  

 

Comisión Gestora de FE - LA FALANGE:

Fdo. Carlos Batres

Fdo. Carlos Rodríguez

 Fdo. Alberto Torresano